Ulises y las Sirenas: Waterhouse

1280px-WATERHOUSE_-_Ulises_y_las_Sirenas_(National_Gallery_of_Victoria,_Melbourne,_1891._Óleo_sobre_lienzo,_100.6_x_202_cm)
John William Waterhouse (1849-1917), Ulises y las sirenas, 1891. Óleo sobre lienzo, 100,6 × 202 cm. Galería Nacional de Victoria. Melbourne. Australia.

Según cierta versión del mito, las Sirenas, llamadas en griego Seirênes, eran hijas del dios río Aqueolo y de la musa Melpómene. Originalmente eran doncellas al servicio de Perséfone, hija de Deméter. Cuando Perséfone fue raptada por Hades y conducida al infierno, Deméter las convirtió en pájaros y las envío al mundo subterráneo de Hades para que la ayudaran en la búsqueda de su hija.

Algunos autores antiguos, incluido Estrabón, dicen que las sirenas estaban condenadas a vivir solo hasta que pasara un marinero que oyera su canto y no se dejara hechizar por él, como hizo Odiseo, y que entonces se zambullirían en el mar y se convertirían en simples escollos (rocas poco visible en la superficie del agua y que constituye un grave peligro para la navegación), de este modo, atraían a los navegantes hacia la costa con su canto y al acercarse el barco estallaba contra los arrecifes, siendo devorados sus ocupantes.

Homero nos describe la situación en su canto XII de la Odisea:

Circe Invidiosa, by John William Waterhouse
John William Waterhouse (1849–1917). Circe envenenando el mar o Circe celosa. 1892. Óleo sobre tela. 180,7 × 87,4 cm. Art Gallery of South Australia. En su óleo Circe envenenando el mar (1892) opta por un fragmento menos conocido de la Odisea, y elige representar aquel en que la maga hecha una pócima a las aguas, con el fin de hechizar a su rival Escila, la mujer de Glauco, por la cual éste no había correspondido a su pasión amorosa. La perversa Circe, cuya belleza denota la influencia de las imágenes de E. Burne-Jones, aparece concentrado en el rito del maleficio, aplastando bajo sus pies al monstruo marino que surge del agua y en el que acaba de convertir a Escila, la amada de Glauco.

… Estuvieron sentados allí hasta el ocaso disfrutando del banquete que les había ofrecido Circe diosa entre las diosas, comiendo carne y bebiendo vino, y al caer la noche los hombres se fueron a dormir, mientras que Circe tomó a Odiseo de la mano y lo llevó aparte, para explicarle los peligros que habría de encontrarse en su viaje de regreso Ítaca, empezando por las sirenas…

… Lo primero que encuentres en ruta será a las Sirenas,

que a los hombres hechizan venidos allá. Quien incauto

se les llega y escucha su voz, nunca más de regreso

el país de sus padres verá ni a la esposa querida

ni a los tiernos hijuelos que en torno le alegren el alma.

Con su aguda canción las Sirenas lo atraen y lo dejan

Para siempre en sus prados; la playa está llena de huesos

Y de cuerpos marchitos con piel agostada…

Dijo Circe entonces lo que Odiseo y sus hombres debían hacer para pasar sanos y salvos ante el reclamo de las sirenas:

… Tú cruza

sin pararte y obtura con masa de cera melosa

el oído a los tuyos: no escuche ninguno aquel canto;

solo tú lo podrás escuchar si así quieres, mas antes

han de atarte de manos y pies en la nave ligera.

Que te fijen erguido con cuerdas al palo: en tal guisa

gozarás cuando dejen oír su canción las Sirenas.

Y si imploras por caso a los tuyos o mandas te suelten,

Te atarán cada vez con más lazos…

Es este episodio de Ulises y las Sirenas el que describe en su pintura lWaterhouse. El autor pinta a las Sirenas en su forma original, como genios marinos híbridos de mujer y ave, aunque la representación más común las describe como hermosas mujeres con cola de pez en lugar de piernas.

Tanto el pasaje de la Odisea sobre las sirenas como el lienzo de Waterhouse contienen un mensaje subliminal, más allá de las primeras lecturas y miradas (técnicas). Las Sirenas representan el poder “maligno” del hechizo, capaz de apartar al hombre de su ruta, de su objetivo. De nuevo, el mal está representado una vez más por mujeres hermosas. Ulises simboliza al hombre centrado en su destino (en este caso su fin es llegar a su hogar, a Ítaca), lo cual queda reflejado en el cuadro con su postura atada y recta en el mástil a modo de cruz, y con su mirada fija hacia delante en el horizonte, observando aquél recoveco de luz que se cuela entre los acantilados; también representa la experiencia del hombre, pues Ulises siempre ha sido representado (en la literatura, en el cine…) como una persona madura e inteligente que no se deja llevar por los instintos más bajos de los seres humanos. Por tanto, este lienzo de Waterhouse puede considerarse un símbolo de superación del hombre.

Os dejo con Ítaca.

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